
Cuando la fatalidad nos llega y la solidaridad existe…
La vida de un niño se transforma
Para Héctor José Bernárdez Jiménez, el 2011 es un año que marcó su vida dramáticamente. Una mañana del mes de marzo, cuando con su hermanita Dixi Damaris buscaban camotes para cortar en la pequeña milpa que su familia posee en la comunidad de Planes Limón, departamento de Colón, sufrió un terrible accidente, que vendría a cambiar su vida.
Una mañana, entre juegos y risas los hermanitos Bernárdez, fueron sorprendidos por la fatalidad. Héctor José tropezó hiriendo con la punta del machete, la cornea de su ojo izquierdo. El pequeño perdió el miembro ocular: la distancia y la falta de un especialista en la zona hicieron que la vida de Héctor quedara marcada para siempre.
El traslado del infante se realizó primero al Hospital Regional del Norte, a la Sala de Pediatría, para luego ser remitido al Hospital de Especialidades en el Barrio La Granja.
Desde el primer instante, Héctor José conquistó al personal de IHSS, su fragilidad, inocencia, humildad y la profunda tristeza que le embargaba hizo que se convirtiera en uno de los pacientitos consentidos del hospital.
Si bien es cierto que cientos de niños son atendidos con cariño, esmero y delicadeza en las Salas de Pediatría del Hospital de Especialidades, el presente y futuro de Héctor José preocupaba, ya que al provenir de una zona rural y al encontrase sin su ojo izquierdo se presagiaban días en la que la burla y la mofa estarían presentes, ya la sonrisa se había borrado de sus labios.
Y fue esa preocupación primero y luego la puesta en marcha de una campaña emprendida por Relaciones Públicas del Hospital de Especialidades, que hoy el rostro de este pequeño infante no luce sombrío, una prótesis donada por el departamento de Oftalmología del Hospital San Felipe le permiten nuevamente sonreír.
Luego de esta acción que resume la grandeza y el valor de la solidaridad, hoy de regreso a su hogar, Héctor José espera incorporarse a su Escuela Siverio Tilgua en donde cursa su tercer año de primaria, ya en casa, será el mismo pequeño quien acompañara a su padre a la milpa y ayuda a la familia en las labores cotidianos. Por Ana Lourdes Barrientos.